IRÁN Y EL SEGUNDO VIETNAM DE ESTADOS UNIDOS Capítulo IV
IRÁN Y EL SEGUNDO VIETNAM DE ESTADOS UNIDOS
Capítulo IV
La derrota estratégica y las patadas de ahogado del imperio
Los imperios no comienzan a caer cuando pierden una guerra. Comienzan a caer cuando dejan de poder imponer su voluntad.
El verdadero significado de la derrota
A lo largo de este libro hemos recorrido un camino que comenzó con una pregunta aparentemente simple:
¿Por qué una superpotencia termina liberando recursos que durante años utilizó como instrumento de presión?
La respuesta nos condujo por las sanciones económicas, la resistencia iraní, la importancia estratégica del estrecho de Ormuz y las limitaciones crecientes de la coerción internacional.
Pero ahora podemos observar el cuadro completo.
La derrota estratégica de Washington no consiste únicamente en haber tenido que negociar.
Tampoco consiste únicamente en la liberación de fondos iraníes.
La verdadera derrota radica en algo mucho más profundo.
Estados Unidos no logró alcanzar los objetivos políticos que justificaron años de presión económica, aislamiento financiero y amenazas permanentes.
Irán sobrevivió.
Irán resistió.
Irán negoció desde una posición de fortaleza relativa.
Y finalmente obtuvo concesiones sin desmontar los pilares fundamentales de su estrategia nacional.
Eso es lo que convierte este episodio en una derrota estratégica.
Cuando el poder descubre sus límites
Toda potencia construye una imagen de invulnerabilidad.
Esa imagen es parte esencial de su capacidad de influencia.
El problema aparece cuando los hechos comienzan a contradecir el relato.
Durante décadas, las sanciones fueron presentadas como un arma irresistible.
Quien se enfrentaba a Washington terminaría aislado, debilitado y obligado a capitular.
Sin embargo, el caso iraní mostró algo distinto.
Mostró que un país puede adaptarse.
Puede resistir.
Puede construir alternativas.
Puede esperar.
Y puede obligar a la potencia sancionadora a sentarse a negociar condiciones que antes consideraba inaceptables.
Las patadas de ahogado
La historia demuestra que cuando una potencia pierde capacidad para imponer su voluntad en un escenario estratégico, suele intentar compensar esa pérdida aumentando la presión en otros espacios.
Es una reacción clásica.
No es una demostración de fortaleza.
Es una manifestación de desgaste.
Y es precisamente ahí donde América Latina vuelve a entrar en escena.
Porque mientras Washington enfrenta crecientes dificultades para controlar acontecimientos en Eurasia y Medio Oriente, la presión sobre América Latina parece intensificarse.
La región vuelve a convertirse en terreno de disputa.
Vuelven las operaciones mediáticas.
Vuelven las campañas de desestabilización.
Vuelven los intentos de condicionar procesos políticos nacionales.
Vuelven las interferencias sobre asuntos que corresponden exclusivamente a los pueblos de la región.
El laboratorio latinoamericano
Los métodos han cambiado.
Los viejos golpes militares resultan cada vez más difíciles de justificar.
Pero han surgido nuevas herramientas.
La manipulación mediática.
La judicialización de la política.
La presión diplomática.
La injerencia sobre procesos electorales.
La construcción de narrativas destinadas a legitimar determinados resultados y cuestionar otros.
Todo ello forma parte de una nueva arquitectura de intervención.
Una arquitectura menos visible que los tanques.
Pero no necesariamente menos efectiva.
El miedo a las urnas
Quizás el fenómeno más revelador de los últimos años sea la creciente dificultad para aceptar decisiones democráticas cuando estas contradicen intereses geopolíticos establecidos.
Cuando determinados resultados electorales favorecen proyectos alineados con los centros tradicionales de poder, suelen ser celebrados como triunfos de la democracia.
Cuando producen gobiernos incómodos o soberanistas, aparecen cuestionamientos, presiones y campañas destinadas a erosionar su legitimidad.
La democracia parece ser defendida con entusiasmo siempre que produzca los resultados correctos.
Y observada con sospecha cuando expresa la voluntad de los pueblos en una dirección diferente.
El despertar de los pueblos
Sin embargo, algo ha cambiado en América Latina.
Las viejas fórmulas ya no producen los mismos resultados.
Las sociedades son más conscientes.
La información circula con mayor velocidad.
Las narrativas oficiales encuentran resistencia.
Y millones de personas comienzan a cuestionar políticas económicas que durante décadas fueron presentadas como inevitables.
La concentración de la riqueza.
La precarización laboral.
La pérdida de soberanía económica.
El deterioro de los servicios públicos.
Todo ello ha generado un profundo malestar social que atraviesa gran parte del continente.
Ese malestar se expresa en las calles.
Se expresa en las urnas.
Y se expresa en la creciente demanda de proyectos políticos capaces de representar intereses populares.
Del Golfo Pérsico a América Latina
A primera vista, Irán y América Latina parecen historias diferentes.
Pero existe un hilo conductor que las une.
La negativa a aceptar que el destino de los pueblos debe decidirse fuera de sus fronteras.
La disputa entre quienes defienden un orden internacional basado en la subordinación y quienes reclaman el derecho a construir caminos propios.
Por eso la historia de Irán trasciende a Irán.
Porque representa una señal.
Una advertencia.
Y también una posibilidad.
La posibilidad de que incluso los poderes más grandes encuentren límites cuando los pueblos deciden resistir.
Conclusión
Quizás dentro de algunos años los historiadores discutan cifras, fechas y acuerdos.
Pero probablemente llegarán a una conclusión más simple.
La potencia más poderosa del planeta dedicó años de presión económica, diplomática y financiera para doblegar a un adversario.
Y al final terminó negociando condiciones que antes consideraba impensables.
Ese hecho, por sí mismo, constituye una derrota estratégica.
Y como ocurre con todas las derrotas estratégicas de los imperios, sus consecuencias no se limitan al campo donde ocurrieron.
Se extienden.
Se multiplican.
Y terminan inspirando a otros pueblos que observan atentamente.
Porque cuando el poder deja de parecer invencible, el miedo comienza a cambiar de bando.

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